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La trama del complot que se estaba articulando al interior de Carabineros para hacer caer a Hermes Soto, hijo de un ex suboficial de la institución.

En medio de la crisis política que desató el asesinato de Camilo Catrillanca, las versiones confusas, el desconocimiento de Hermes Soto de los registros audiovisuales del homicidio y la negativa de este último a presentar su renuncia, el Presidente Piñera confirmó en una entrevista algo que ya se sabía internamente y que amenazaba con explotar como una olla a presión: la profunda división al interior de las filas de Carabineros.

Un ejemplo de esto se dio durante la crisis de la renuncia, cuando comenzaron a circular entre coroneles y generales en retiro, una serie de informaciones internas que daban cuenta de una «conspiración» en curso contra Hermes Soto, de parte de grupo de uniformados y ex uniformados leales a Bruno Villalobos para influir en las estadísticas contra la delincuencia y así mostrar una gestión ineficiente del ahora ex general director.

Otra de las «jugadas» que se describen en esta información, incluía la intención de hacerle llegar directamente al Presidente -antes de la filtración a la prensa- los registros del crimen de Catrillanca para dejarlo como mentiroso.

El reconocimiento del Presidente Sebastián Piñera sobre las divisiones en Carabineros dejó en pública evidencia la existencia de facciones al interior de la institución, que explotaron con el crimen de Camilo Catrillanca, y detonaron la decisión de La Moneda de pedir la renuncia de Hermes Soto.

“Estoy consciente que hay ciertas divisiones y enfrentamientos al interior de Carabineros entre distintos liderazgos, lo cual es muy malo para la institución», asumió la noche del jueves Piñera en una entrevista con el canal Mega, tras una larga jornada donde la negativa del general director de Carabineros de presentar su renuncia estalló como una crisis para Palacio.

Esta ya nada soterrada “guerra civil verde” desatada al interior de Carabineros es reforzada por una versión que circula al interior de la institución policial y en grupos cerrados de oficiales en retiro de Carabineros. Esta apunta a cómo ha operado la mano de los leales del ex general director de Bruno Villalobos en una trama para desbancar a Soto del mando de la institución.

El nombre clave en este engranaje es el de Julio Pineda Peña, ex subdirector de la institución, quien en su hoja de vida carga con cuestionamientos por hechos como el manejo del caso de la agresión del estudiante Rodrigo Avilés el 21 de mayo en Valparaíso, una indagatoria por compras con sobreprecio o su vínculo con el “pacogate”, el megafraude de Carabineros.

En marzo, Pineda fue dejado interinamente a cargo de la institución tras la renuncia de Bruno Villalobos, mientras La Moneda diseñaba la estructura de la nueva plana mayor de Carabineros tras la salida del general favorito de Michelle Bachelet. Luego, Pineda pasó a retiro con el descabezamiento del Alto Mando, decretado cuando Hermes Soto quedó al mando de la institución.

Una vez con Hermes Soto como general director, y Pineda ya en retiro, éste  habría comenzado a mover sus hilos al interior de Carabineros. Fuentes ligadas a la institución, lo sindican como el encargado de reclutar “leales al sistema”, como algunos oficiales díscolos y huérfanos de la gestión de Villalobos.

Así, de a poco comenzaron al interior de Carabineros los movimientos para afectar la figura de Soto. Según la versión que circula en círculos internos de Carabineros, una de estas señales se hizo concreta en terreno y dice relación con que en todas las unidades policiales en donde el general director Hermes Soto había enviado como comisario a un ex Dipolcar, se ordenó no cursar detenciones sino sólo a hacer denuncias.

El objetivo de esta jugada sería impactar negativamente los números del accionar policial en materia de seguridad ciudadana, para que en definitiva Soto no tuviera cifras azules de gestión para mostrar al gobierno en el mes de marzo. Se trata justamente de un tema sensible para la administración piñerista, y con esta intención de “remar para atrás” se buscaba dejar en evidencia que el general director no era capaz de dirigir la institución en un área tan sensible como el combate a la delincuencia.

En otras de las «jugadas» que se le atribuye a Pineda –según las fuentes- fue la reunión que sostuvo con el Director Nacional de Personal, el general inspector Kurt Haarmann Ritter.

Haarmann ascendió al Alto Mando cuando Hermes Soto asumió la máxima jefatura de la institución, y además era el favorito de La Moneda para sucederlo. Sin embargo, su nombre apareció el jueves en la lista de 10 generales que presentaron su renuncia este jueves.

Las fuentes al interior de Carabineros indican que los bonos de Haarmann bajaron cuando en Palacio se enteraron del encuentro con uno de los generales más cercanos de Villalobos. La versión oficial fue que la audiencia con Pineda era para revisar un tema personal del general en retiro. Pero todo apunta a que la filtración de la cita surgió de los círculos de Villalobos, indican las fuentes policiales.

Los polémicos vídeos

La movida final de esta trama dice relación con la filtración de los videos ocultados por funcionarios policiales sobre el crimen del comunero mapuche Camilo Catrillanca.

La versión inicial de Carabineros –sostenida públicamente por Hermes Soto – fue que no había registro alguno del operativo en Temucuicui. Sin embargo, cuando aparecieron los videos el miércoles –un día después del procesamiento de Villalobos por un caso de violaciones a los DDHH- todas las miradas apuntaron hacia el círculo del ex general director, un experto en inteligencia. Bastaba recordar otras operaciones bien poco sutiles, como cuando se filtró la hoja de vida de Hermes Soto el mismo día en que asumió el mando de la policía uniformada.

Sin embargo, la filtración de los videos a los medios no habría sido parte del diseño original. De acuerdo a la versión que circula al interior de Carabineros, efectivamente el círculo del ex general director de Carabineros se enteró a través de abogados querellantes de la existencia de varios registros audiovisuales del mortal operativo en Ercilla. Su objetivo era conseguir dicho videos con los efectivos del Gope que participaron en terreno de la operación que terminó con el asesinato de Catrillanca, a cambio de la representación jurídica en el proceso que enfrentan ante la justicia.

El objetivo era hacer llegar estos registros a La Moneda –a través de un empresario con llegada en Palacio- para hacer caer la versión inicial de Hermes Soto de que no había registros de los hechos, y dejarlo como mentiroso.

Sin embargo, Javier Jara, abogado del Gope Raúl Ávila se adelantó a la jugada de este grupo, filtró las imágenes y precipitó la caída de Hermes Soto, dejando así el montaje urdido desde las filas “villalobistas” sólo en un plan.

Fuente: www.elmostrador.cl