La Bahía on Line
Nueva etapa, misma esencia

Ricardo Quero defiende Quirilluca con cámara, leyes y memoria

En medio de una crisis ambiental persistente, los habitantes de Quintero y Puchuncaví enfrentaron durante años los efectos invisibles pero letales de la contaminación industrial. Entre 2015 y 2025, episodios recurrentes de intoxicación masiva, cierres escolares y alertas sanitarias marcaron la vida cotidiana en esta zona declarada “de sacrificio”. Los protagonistas de esta lucha silenciosa son vecinos organizados, padres, pescadores y activistas como Ricardo Quero Arancibia, miembro de la agrupación comunitaria Salvemos Quirilluca, quien ha dedicado más de una década a defender el patrimonio natural y la salud de su comunidad.

Ricardo recordó que su compromiso nació al conocer la amenaza de deforestación y expansión inmobiliaria sobre Quirilluca, un ecosistema costero único en la Región de Valparaíso. Al convertirse en padre, su motivación se intensificó: deseaba que su hija creciera en un entorno libre de contaminación. Ese anhelo lo llevó a documentar con su cámara la riqueza biológica del lugar, transformando imágenes en herramientas de concientización y resistencia frente a intereses corporativos.

A lo largo de diez años, observó cómo la naturaleza, cuando se le permite, se recupera sola. Antiguos terrenos usados para ganadería o extracción de madera han comenzado a regenerarse lentamente, evidenciando la resiliencia del bosque nativo costero. Sin embargo, advirtió que cualquier retroceso —como nuevas talas o proyectos industriales— podría borrar décadas de recuperación en cuestión de meses.

La contaminación no es solo un problema ecológico, sino profundamente humano. Ricardo relató cómo tuvo que retirar a su hija de la escuela tras un diagnóstico preliminar de intoxicación por gases (código T59), un episodio que refleja la angustia diaria de miles de familias. La incertidumbre sobre el origen de los olores tóxicos y la dirección del viento genera ansiedad constante, una carga emocional que otras regiones del país no conocen.

Identificó como principal amenaza actual los compuestos orgánicos volátiles (COV) emitidos por actividades portuarias y trasvasijes de hidrocarburos, ya que carecen de normas efectivas de control. A diferencia del dióxido de azufre —cuya fuente principal, la fundición Ventanas, cerró—, estos contaminantes persisten sin regulación rigurosa, afectando especialmente a niños y adultos mayores.

Su crítica hacia empresas como Oxiquim y Copec fue contundente: considera que operan sin protocolos adecuados para prevenir daños a la población. Denunció que proyectos como el dragado propuesto por Oxiquim ignoran la saturación extrema de la bahía, insistiendo en un modelo de crecimiento incompatible con la supervivencia del territorio.

Para Quero, la injusticia ambiental es evidente. Aunque existen fondos concursables y apoyos simbólicos, son insuficientes frente al daño histórico acumulado. Exigió inversiones reales en salud pública, como centros médicos con especialistas, que garanticen una vida digna en un entorno ya vulnerado por décadas de negligencia industrial.

Destacó el rol central de las mujeres en la defensa ambiental, vinculándolo con su rol como cuidadoras de la familia y la comunidad. Ellas, señaló, están presentes en cada reunión vecinal, movilización y mesa de diálogo, impulsando soluciones desde lo local con una mirada integral y empática.

La organización comunitaria ha evolucionado desde protestas masivas —como las de 2018— hacia estrategias legales y educativas. Salvemos Quirilluca logró en 2021 la revocación de la calificación ambiental del proyecto Maratue, aunque este fue reaprobado en 2024. Hoy, nuevamente en tribunales, buscan que la justicia respalde la protección del ecosistema sobre intereses privados.

La respuesta del Estado, tanto local como nacional, ha sido calificada como “totalmente insuficiente”. A pesar de promesas electorales y fallos judiciales como el llamado “supremazo”, las intoxicaciones continúan, evidenciando una brecha entre la norma y su aplicación real. Esta impunidad alimenta la desesperanza, pero también fortalece la determinación de quienes persisten.

Más allá de lo ecológico, la bahía encarna identidad, memoria y espiritualidad. Ricardo habló de fósiles, conchales y vestigios de la cultura Bato, recordando que este territorio ha sido hogar y fuente de vida durante milenios. Defenderlo no es solo proteger árboles o aves, sino honrar una historia que precede al presente industrial.

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Finalmente, llamó a los medios de comunicación a ser aliados en la visibilización de estas luchas, evitando desinformación y campañas de desprestigio. Subrayó que las soluciones basadas en la naturaleza existen, son viables y deben guiar una nueva economía. “Luchemos por aquello que nos va a asegurar un futuro”, concluyó, con la convicción de que el cambio comienza cuando se conoce, se valora y se protege lo que se ama.

Guardianes Del Medio Ambiente
Proyecto financiado por Fondo de fomento de medios de comunicación social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional