La Bahía on Line
Nueva etapa, misma esencia

Puerto de Quintero y Cordón Industrial

Por Ramón Alfaro Valverde

Hasta mediados del siglo XX, Quintero y Puchuncaví eran comunas cuya actividad económica se sustentaba principalmente en la agricultura, la ganadería y la pesca. Esta realidad comenzó a transformarse cuando el Estado de Chile impulsó una política de industrialización basada en el aprovechamiento de recursos naturales y en el desarrollo de infraestructura energética y portuaria.

La elección de la Bahía de Quintero como polo de desarrollo industrial respondió a diversos factores estratégicos: la existencia de una bahía apta para operaciones portuarias de gran escala; su cercanía a Santiago y al principal corredor industrial del país; condiciones favorables para la instalación de infraestructura energética y minero-metalúrgica; y la posibilidad de facilitar procesos de exportación e importación mediante infraestructura marítima especializada.

A partir de estas ventajas comparativas se instalaron las primeras infraestructuras relevantes: el terminal petrolero de ENAP a fines de la década de 1950; la Fundición y Refinería de Cobre de ENAMI en 1964; y la Central Termoeléctrica de Chilectra, también en 1964. Posteriormente se sumaron terminales químicos, de combustibles y de gas natural.

Durante este período comenzó a configurarse físicamente lo que más tarde sería conocido como el “Cordón Industrial Ventanas”.

Desde una perspectiva jurídica y urbanística, el instrumento de planificación territorial que reconoció por primera vez el uso industrial de este territorio fue el Plan Intercomunal de Valparaíso de 1965, el cual estableció zonas destinadas a actividades industriales en las comunas de Quintero y Puchuncaví. Dicho instrumento fue posteriormente modificado en diversas oportunidades para ampliar o redefinir las áreas industriales existentes.

En consecuencia, no fue el cordón industrial el que creó la zonificación, sino que fue la zonificación la que permitió la conformación del cordón industrial. Durante las décadas de 1960 y 1970, el territorio dejó de entenderse como una suma de industrias aisladas y comenzó a concebirse como un sistema integrado, surgiendo así la denominación de “Complejo Industrial Ventanas”, que operaba en una franja continua de aproximadamente cinco kilómetros de instalaciones productivas y portuarias.

Nada de este proceso habría sido posible sin la existencia del puerto, elemento constitutivo y esencial del desarrollo del cordón industrial.

Sin embargo, resulta fundamental distinguir conceptualmente entre puerto, instalación portuaria y cordón industrial. Desde el punto de vista jurídico y técnico, un puerto es un espacio terrestre y acuático habilitado para permitir la transferencia de personas, mercancías, servicios y operaciones marítimas y logísticas. En cambio, una instalación portuaria corresponde a un lugar específico donde se produce la interfaz buque-puerto, tales como terminales, muelles o sitios de atraque.

La falta de diferenciación entre estos conceptos ha generado tensiones en los regímenes de uso del territorio. Mientras el puerto constituye una infraestructura logística regulada principalmente por normas de seguridad marítima y operaciones de carga, su potencial de desarrollo se ha visto restringido por enfoques que lo asimilan a actividades industriales peligrosas, superponiendo sobre él regulaciones urbanísticas y ambientales diseñadas para procesos fabriles.

La Bahía de Quintero constituye el espacio geográfico natural donde se emplaza un sistema portuario integrado por diversos terminales marítimos especializados. Cada terminal dispone de uno o más sitios de atraque para la transferencia de cargas y de sus correspondientes áreas de respaldo destinadas al almacenamiento, acopio, circulación y apoyo logístico.

Esta realidad demuestra que la actividad portuaria en Quintero comprende una cadena de servicios mucho más amplia que la simple operación de carga y descarga de naves.

Por ello, resulta indispensable distinguir entre el régimen aplicable al puerto y a las instalaciones portuarias, por una parte, y los espacios de acopio, almacenamiento y apoyo logístico, por otra. Estas actividades, en sí mismas, no constituyen procesos industriales, ya que no implican manufactura ni transformación de materias primas, elementos que caracterizan propiamente a un cordón industrial.

En consecuencia, la discusión y elaboración de los instrumentos de planificación territorial no pueden seguir confundiendo la infraestructura de servicios portuarios con la actividad industrial propiamente tal.

También podrías querer leer: Carabineros detiene a siete personas en operativo de Quintero

También podrías querer leer: nuestro medio asociado Aconcagua al Día

A propósito del proceso de modificación del PREMVAL, resulta preocupante que el diagnóstico actualmente contenido en la propuesta incorpore elementos que restringen o condicionan el desarrollo y la operación del Puerto de Ventanas en razón de los impactos ambientales asociados al cordón industrial. Esta interpretación resulta equivocada, pues desconoce la necesaria distinción entre las actividades portuarias, los servicios logísticos y las actividades industriales propiamente tales. El Puerto de Ventanas reúne condiciones geográficas, operacionales y empresariales que le permiten proyectar futuras ampliaciones, desarrollar zonas de apoyo logístico y habilitar áreas de almacenamiento extraportuario. Estas capacidades podrían convertirlo, en el mediano plazo, en un nodo estratégico para la articulación de un corredor bioceánico con Argentina.

Persistir en la equiparación entre puerto, servicios logísticos portuarios y cordón industrial constituye un error conceptual y regulatorio que limita injustificadamente las oportunidades de desarrollo económico y social de Quintero y Puchuncaví. Una planificación territorial moderna debe reconocer las diferencias funcionales y normativas entre estas actividades, estableciendo regulaciones acordes con su naturaleza y permitiendo compatibilizar adecuadamente la protección ambiental con el desarrollo económico, la competitividad logística y la generación de empleo para las comunidades locales.