El Servicio Electoral de Chile recibió el 18 de agosto de 2025 las postulaciones oficiales de ocho aspirantes a la Presidencia de la República, quienes competirán en las elecciones del 16 de noviembre siguiente para suceder a Gabriel Boric. Entre los inscritos destacaron figuras de la izquierda oficialista, la derecha tradicional, la extrema derecha, el populismo y el independientismo. El proceso marcó el inicio formal de una campaña electoral intensa y fragmentada, en un escenario político profundamente polarizado. Esta elección fue crucial para definir la dirección del país tras cuatro años de gobierno progresista.
La abanderada del oficialismo fue Jeannette Jara, abogada, exministra del Trabajo y militante del Partido Comunista, quien se impuso en las primarias de Unidad por Chile el 29 de junio. Su victoria consolidó el respaldo de los partidos que conforman el actual gobierno, incluyendo al Frente Amplio, el PPD y la Federación Regionalista Verde Social. Además, logró el apoyo transversal de formaciones no alineadas, como el Partido Popular y el Partido Igualdad, ampliando su base más allá del bloque oficialista. Jara se presentó como continuadora del proyecto de Boric, con énfasis en derechos sociales, justicia climática y reformas estructurales.
Por la derecha tradicional, Evelyn Matthei se consolidó como la candidata de Chile Vamos, con el respaldo unificado de RN, la UDI y Evópoli. Su decisión de no participar en primarias fue una respuesta a la negativa de la extrema derecha de someterse a un proceso conjunto. Matthei también atrajo a sectores de centro, como los partidos Demócratas y Amarillos por Chile, herederos ideológicos de la antigua Concertación. Su campaña se centró en la estabilidad institucional, la seguridad ciudadana y una crítica moderada al modelo económico del actual gobierno.
José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, confirmó su participación directa en la primera vuelta, sin pasar por primarias. Aunque fue el principal referente de la extrema derecha en 2021, esta vez enfrentó una competencia interna creciente. Logró sumar al Partido Social Cristiano, vinculado a iglesias evangélicas, lo que le permitió neutralizar la candidatura de Francesca Muñoz. Kast mantuvo su discurso tradicional: mano dura contra la delincuencia, rechazo a la migración irregular y defensa de valores conservadores.
Sin embargo, su hegemonía en el sector derechista fue desafiada por Johannes Kaiser, diputado y fundador del Partido Nacional Libertario. Exmilitante republicano, Kaiser adoptó un discurso aún más radical, promoviendo la reducción extrema del Estado, la desregulación económica total y políticas migratorias más restrictivas. Su figura emergió como una alternativa libertaria, atrayendo a votantes desencantados con el establishment, tanto de derecha como de sectores independientes.
El economista Franco Parisi anunció su tercera postulación presidencial por el Partido de la Gente (PDG), formación que tuvo un breve auge parlamentario en 2021, pero que perdió todo su peso tras la renuncia colectiva de sus diputados. Parisi mantuvo su tono antiestablishment, criticando a los partidos tradicionales y prometiendo una «revolución democrática» desde fuera del sistema. Su campaña se basó en propuestas económicas liberales y un fuerte uso de redes sociales para movilizar a su base juvenil.
Marco Enríquez-Ominami, conocido como ME-O, hizo historia al inscribir su quinta candidatura presidencial, superando a Salvador Allende como el ciudadano con más postulaciones desde el retorno de la democracia. Se presentó como independiente, tras recolectar más de 35.000 firmas, sin partido político formal. Aunque fue diputado socialista y luego fundó el Partido Progresista, su figura se consolidó como la de un outsider de izquierda. Su discurso mezclaba justicia social, reforma política y crítica al bipartidismo tradicional.
Harold Mayne-Nicholls, reconocido periodista y exdirigente deportivo, ingresó a la carrera con una propuesta atípica. Fue presidente de la ANFP y director ejecutivo de los Juegos Panamericanos 2023, experiencia que presentó como aval de gestión eficiente. Rechazó alianzas con partidos de todos los sectores para mantener su independencia. Su campaña se enfocó en la transparencia, la meritocracia y la profesionalización del Estado, con apoyo de figuras del centro como Soledad Alvear.
Por último, Eduardo Artés, profesor y dirigente de extrema izquierda, postuló por tercera vez sin partido, tras la desaparición de Unión Patriótica. Conocido por sus posturas radicales y su defensa de regímenes como los de Corea del Norte, Venezuela y Nicaragua, Artés representó la voz más marginal del espectro político. Su campaña no buscó ganar, sino posicionar ideas anticapitalistas y antiimperialistas, especialmente en foros universitarios y medios alternativos.
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El escenario electoral de 2025 reflejó una profunda fragmentación del sistema político chileno, con ocho candidatos que representaban visiones radicalmente distintas del país. La ausencia de primarias unificadas en la derecha y el surgimiento de figuras independientes evidenciaron la crisis de los partidos tradicionales. El Servel se preparó para supervisar una campaña con altos niveles de polarización, mientras los analistas advertían sobre el riesgo de una segunda vuelta entre extremos. La elección de noviembre se perfiló como un nuevo punto de inflexión en la historia reciente de Chile.



