El gobernador regional de Valparaíso, Rodrigo Mundaca, cuestionó con dureza la gestión del delegado presidencial ambiental para Quintero y Puchuncaví, Cristian Cáceres, tras un nuevo episodio de intoxicación masiva en escuelas de la zona. El hecho, ocurrido la semana pasada, afectó a 56 personas entre estudiantes y docentes, quienes fueron diagnosticadas con exposición tóxica (código T59). A pesar de las promesas gubernamentales y medidas como el cierre de la fundición Ventanas, las fuentes contaminantes siguen sin identificarse. La crítica central de Mundaca apunta a que Cáceres no reside en el territorio que representa, lo que, según él, limita su comprensión real de la crisis.
Mundaca lamentó públicamente la designación de Cáceres y afirmó que “no conoce el territorio”, subrayando una desconexión entre las decisiones políticas y la realidad cotidiana de los habitantes. Esta postura resuena en una comunidad agotada por años de episodios tóxicos sin respuestas contundentes. Aunque el gobierno ha desplegado nuevas estaciones de monitoreo y creado una delegación presidencial exclusiva para la zona, los resultados tangibles no se han materializado. Para los vecinos, la ausencia física del delegado simboliza una indiferencia institucional persistente.
Cristian Cáceres, por su parte, señaló que los equipos de monitoreo no detectaron niveles anómalos durante el último episodio, lo que generó aún más escepticismo entre la población. Expertos y organizaciones ambientales han insistido en que los sistemas de medición actuales son insuficientes para capturar picos de contaminación fugaces pero letales. La contradicción entre los diagnósticos médicos y los reportes oficiales profundiza la desconfianza ciudadana. En este contexto, la figura del delegado se ha convertido en blanco de críticas no solo por su gestión, sino por su desconexión geográfica y emocional con la zona.
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La situación en Quintero y Puchuncaví sigue siendo un símbolo nacional de la falla del Estado en proteger a sus ciudadanos frente a la contaminación industrial. Mientras las autoridades centrales insisten en soluciones técnicas, los líderes locales exigen representación genuina y decisiones basadas en la experiencia vivida. La crítica de Mundaca no solo cuestiona a una persona, sino a un modelo de gobernanza que prioriza la burocracia sobre la empatía territorial. Hasta que eso cambie, la zona seguirá atrapada en un ciclo de emergencias sin fin.



