Los pescadores artesanales de Chile alcanzaron un acuerdo histórico durante el Encuentro Nacional realizado en Quintero entre el 8 y 9 de agosto, cuando representantes de caletas desde Arica a Chiloé decidieron avanzar en la conformación de una Confederación Nacional. El movimiento, liderado por sindicatos pesqueros, buscaba una respuesta unificada frente a la Ley de Pesca y la reciente ley de Fraccionamiento. La movilización gremial fue impulsada por la necesidad de proteger los recursos marinos y el sustento de miles de familias. Este paso marcó un hito en la organización del sector, que históricamente ha enfrentado fragmentación y marginación en las decisiones legislativas.
Durante las dos jornadas del encuentro, más de 200 pescadores, dirigentes, académicos y activistas debatieron sobre la urgencia de una nueva institucionalidad pesquera que prioriza el consumo humano directo y la sostenibilidad ecológica. Las discusiones giraron en torno a la necesidad de superar la atomización del gremio, fortalecer la representación política y recuperar el control sobre los recursos marinos. La propuesta de una Confederación Nacional surgió como un consenso claro entre los asistentes, quienes coincidieron en que solo la unidad permitiría enfrentar con éxito las políticas que han beneficiado a la pesca industrial en desmedro de las comunidades costeras.
Hugo Poblete, representante de los sindicatos de Quintero y Puchuncaví, fue uno de los voces al denunciar lo que calificó como un “fraude legislativo” tras la aprobación de la ley de Fraccionamiento. En su intervención, exigió la nulidad de la Ley Longueira, señalando que ha profundizado la desigualdad en el acceso a los recursos. Subrayó que la lucha no era solo del sector artesanal, sino del pueblo chileno en su conjunto, al defensor de un patrimonio nacional que debía estar al servicio de todos, no de unos pocos intereses económicos.
La autoridad local también se sumó al llamado. El alcalde de Quintero, Rolando Silva, respaldó el proceso de unificación gremial y destacó que cerca de 800 pescadores artesanales y más de mil familias dependen de esta actividad en la comuna. Enfatizó que dignificar la pesca artesanal era una obligación ética y política para las autoridades, y que el apoyo institucional debía traducirse en acciones concretas que fortalecieran la autonomía de las caletas. Su presencia simbolizó un puente entre el movimiento social y el poder local.
Karol Cabrera, presidenta del Sindicato N°2 de Horcón y secretaria de la Federación Bahía Narau, resaltó que la creación de la Confederación marcaría un antes y un después en la capacidad de incidencia del sector. Explicó que las leyes actuales no sólo amenazaban el sustento de las familias, sino también la soberanía alimentaria del país. La unión nacional permitiría articular demandas comunes, movilizar recursos y presionar de forma coordinada en el Congreso. “Unidos no somos invisibles”, afirmó, resumiendo el espíritu colectivo que impregnó todo el encuentro.
El aporte de expertos en derecho, ciencia y activismo enriqueció el debate. La abogada María Cecilia Villablanca recordó la hazaña de 1989, cuando la pesca artesanal paralizó el país, y advirtió que sin cohesión gremial sería imposible repetir ese nivel de impacto. Por su parte, el científico Miguel Araya instó a los pescadores a apropiarse del conocimiento técnico y legal para defenderse en espacios de poder. Gisela Holguín, de ANAMURI, vinculó la lucha por el mar con la soberanía alimentaria, destacando que las comunidades debían ser las dueñas de sus territorios y recursos.
Uno de los ejes transversales del encuentro fue el rol de las mujeres en la pesca artesanal. Maritza Hazard y Jessica Alfaro lideraron un espacio participativo que reunió a dirigentas de todo el país, visibilizando labores históricamente invisibilizadas: desde la extracción hasta el procesamiento, pasando por la comercialización y la defensa territorial. Las mujeres reclamaron no sólo reconocimiento, sino participación equitativa en la toma de decisiones dentro de la futura Confederación, exigiendo que su voz no quedará relegada en una estructura gremial tradicionalmente masculinizada.
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El encuentro cerró con un mandato claro: convocar una nueva asamblea para formalizar la Confederación Nacional de Pescadores y Pescadoras Artesanales de Chile. El proceso, aún en sus primeras etapas, ya ha generado expectativas en comunidades costeras que ven en esta iniciativa una oportunidad histórica para recuperar el protagonismo político y defender el mar como patrimonio común. Con la unidad como bandera y la justicia como meta, el movimiento pesquero artesanal inicia una nueva etapa, decidido a no ser marginado más en las decisiones que definen el futuro de sus yeguas y sus vidas.