El 13 de abril, el mundo católico conmemora el Domingo de Ramos, un día de gran significado que da inicio a la Semana Santa. Esta celebración evoca el «ingreso triunfal de Jesús a Jerusalén» según la tradición bíblica, anticipando su pasión y muerte. Raúl La Torre, historiador y coordinador de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes, destaca que esta fecha tiene un «doble sentido»: por un lado, la alegría del ingreso de Jesús a Jerusalén, y por otro, el comienzo de la meditación sobre su sufrimiento y muerte.
La Torre también explica que este evento se enmarca en un momento político y religioso crucial, donde la peregrinación de Jesús desde Galilea hasta Jerusalén, la presencia del templo y la figura de Poncio Pilato como procurador romano, son elementos que dan contexto a la historia. Según el historiador, la celebración del Domingo de Ramos remite a una época de gran trascendencia para el pueblo judío y el Imperio Romano.
Según las indicaciones de la Iglesia Católica chilena, durante este día se realiza una ceremonia sencilla, donde se lee el evangelio en la puerta del Templo, simbolizando la entrada de Jesús. Los feligreses preparan ramos en familia, que luego sumergen en agua bendita durante su paso por la parroquia. Esta tradición es un momento de conexión espiritual para los católicos, marcando el inicio de la reflexión hacia la pasión de Cristo.
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En las cercanías de las parroquias, comerciantes venden ramos y otros símbolos religiosos, lo que contribuye a la atmósfera especial del día. Esta costumbre, que ha perdurado por generaciones, continúa uniendo a las familias y comunidades en la preparación para la Semana Santa, invitando a la reflexión y al fortalecimiento de la fe católica.



