El alcalde de Concón, Freddy Ramírez, rechazó de manera contundente este miércoles la llegada de residuos industriales líquidos generados por una futura planta procesadora de jibia en Puchuncaví. La fuerte polémica involucró directamente a autoridades comunales, a la empresa sanitaria Esval y a los trescientos pescadores artesanales de la Federación Bahía Narau, quienes impulsan el proyecto.
El jefe comunal expresó su absoluta oposición a que la comuna recibiera los desechos, y aseguró mediante un comunicado oficial que cientos de metros cúbicos diarios de residuos industriales terminaban en su territorio. Ante esta compleja situación, el edil exigió a las autoridades regionales y a la sanitaria Esval que reevaluaran el proyecto, y advirtió sobre las graves externalidades.
Ramírez enfatizó que Esval debía tomar conciencia sobre la falta de capacidad comunal para aceptar desechos de una planta externa, y consideró el severo impacto ambiental y ecológico. El alcalde recordó que gran parte del tratamiento de agua terminaba en el océano Pacífico, por lo que exigió proteger la calidad de vida de los habitantes y sentenció que “lo que querían era que Esval tomara conciencia de que no tenían la capacidad como comuna de aceptar desechos de una planta que estaba en otro lugar”.
La empresa Aguas Pacífico emitió una declaración y aclaró que la iniciativa era completamente voluntaria y pertenecía a la Federación de Pescadores Bahía Narau. Los representantes empresariales sostuvieron que el proyecto se enmarcaba en una política de relacionamiento para fortalecer la pesca artesanal en Quintero – Puchuncaví, y destacaron que el diseño consideró moderna tecnología, aclarando que “el diseño de la planta se consideró para que no generara impactos ambientales ni molestias a la comunidad, ya que solo utilizó energía eléctrica”.
La compañía detalló que la planta no generaba emisiones ni utilizaba combustibles, ya que funcionaba exclusivamente con energía eléctrica y sin procesos de cocción. Respecto a la gestión de los residuos, aseguraron que no había descargas a cuerpos de agua, pues el caudal era mínimo y se transportaba en un máximo de seis camiones aljibe, lo que representó una operación totalmente controlada.
Por su parte, los trescientos pescadores artesanales de la federación esperaban la autorización definitiva de la Dirección de Obras Municipales de Puchuncaví para iniciar las obras. El director del proyecto, Patricio Sepúlveda, informó que el proceso administrativo estaba en su etapa final y que ya se habían ejecutado trabajos preliminares como el cierre perimetral del terreno y accesos, demostrando un avance significativo en la tramitación.
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Sepúlveda explicó que el sistema de recolección interna conducía las aguas hacia dos estanques de acumulación con una capacidad total de sesenta metros cúbicos. El profesional subrayó que estos residuos permanecían almacenados temporalmente hasta ser retirados por Esval, y garantizó así el cumplimiento de la normativa vigente, y dejó establecido que no había disposición de los efluentes en el lugar.
En tanto de Esval, señaló que: El certificado emitido a solicitud de la Federación de Pescadores Bahía Narau, es sólo un documento preliminar de referencia para que el potencial cliente disponga de los antecedentes que debe cumplir para evaluar una prestación del servicio.
Del mismo modo desde Esval dejaron claro que a la fecha, no hemos recibido un proyecto definitivo para una evaluación integral de las características, condiciones operacionales e impactos asociados a la recepción y tratamiento del riles de una planta procesadora de productos del mar. Tampoco se ha suscrito algún convenio para la eventual recepción de los residuos líquidos industriales a través de camiones aljibes.



