Durante la madrugada del viernes 15 de agosto, tres reclusos lograron fugarse del Complejo Penitenciario de Valparaíso con ayuda desde el exterior, desatando una alerta masiva entre las autoridades. El hecho ocurrió cerca de las 3:00 horas, cuando personal de custodia detectó un vehículo sospechoso en las cercanías del recinto, ubicado en el sector La Pólvora. Los protagonistas fueron Juan Israel González, Jairo Adonis González y Claudio Alexander Fornes, todos con condenas por delitos graves. La fuga es particularmente grave por la peligrosidad de los involucrados, uno de ellos condenado por asesinar a un carabinero.
Según los primeros informes, los internos habrían roto los barrotes de sus celdas y ascendido hasta la techumbre del módulo, donde esperaron la llegada del vehículo negro, identificado como un Hyundai Accent. Desde el exterior, cómplices lanzaron un cable de acero hacia el techo, que fue utilizado como una tirolesa para que los tres se lanzaran al otro lado del perímetro. El método, altamente planificado, evidenció una coordinación precisa entre los reos y sus colaboradores afuera del centro penitenciario. Gendarmería confirmó que el escape se produjo durante el horario de encierro, cuando los presos debían estar confinados en sus módulos.
La institución activó de inmediato todos los protocolos de emergencia, realizó el censo correspondiente y constató la ausencia de los tres individuos. Además, dio aviso al Ministerio Público y desplegó un operativo conjunto con Carabineros y la Policía de Investigaciones para su localización. El sumario administrativo ya fue instruido para investigar posibles fallas en la seguridad del recinto y determinar responsabilidades dentro del personal penitenciario. La fuga ha generado preocupación en la región, dada la peligrosidad de los fugitivos y el modo sofisticado en que fue ejecutada.
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Juan Israel González Quezada, condenado por el homicidio calificado del suboficial David Florido, junto a él, Jairo Adonis González Miranda, también con presidio perpetuo, y Claudio Fornes, condenado por delitos contra la propiedad, representan un riesgo para la seguridad pública. Gendarmería mantiene abierta la búsqueda y ha ofrecido colaborar con cualquier información que permita su captura inmediata. El caso pone en evidencia las vulnerabilidades del sistema penitenciario y reabre el debate sobre la seguridad en las cárceles chilenas.