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Nueva etapa, misma esencia

Marco Morales Ureta: Entre la polémica y el poder político

Marco Morales Ureta es un nombre que, en los últimos años, ha generado una serie de comentarios y controversias en el ámbito político de Puchuncaví, especialmente por sus métodos poco convencionales a la hora de ganar elecciones y consolidar su poder. Desde su llegada al cargo, Morales ha sido reconocido por su capacidad para levantar falsedades y crear divisiones en el panorama comunal, aprovechando situaciones que, lejos de buscar el bienestar de la comunidad, parecen más bien orientadas a asegurar su permanencia en el poder.

Uno de los episodios más oscuros de su carrera fue la campaña que libró contra la anterior autoridad comunal. Lejos de ser una competencia basada en la transparencia, la integridad y la propuesta, Morales recurrió a levantar graves acusaciones que cuestionaban la gestión de su predecesor, a tal punto que pagó por la realización de tres auditorías para supuestamente demostrar sus afirmaciones. Sin embargo, lo que ocurrió fue lo que muchos ya preveían: los resultados de esas auditorías nunca coincidieron con lo que él esperaba. Y lo peor de todo es que, una vez obtenidos esos resultados, Morales nunca los hizo públicos, dejando en el aire una duda que sigue rondando la percepción pública de su gestión.

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No contento con este episodio, Morales se lanzó a la reelección, pero esta vez con una estrategia aún más llamativa: la división de votos. Bajo la falsa premisa de que las opciones presentadas eran genuinamente de oposición, logró manipular la situación para que, entre dos candidatos, se diluyeron los apoyos, permitiéndole así alzarse nuevamente con la victoria. Sin embargo, el panorama no solo es confuso a nivel electoral, sino también a nivel administrativo. Hoy, dos familiares de una de las candidatas a alcaldesa trabajan en la municipalidad, además del ex alcalde de Limache y actual precandidato a diputado Daniel Morales, además a pagado favores con trabajo en la municipalidad de un grupo de concejales de derecha de otras comunas, ex seremis, ex gobernadoras provinciales en gobierno de Piñera II, lo que refleja la red de favores y conexiones que se teje detrás de este proceso.

El último episodio que pone en entredicho la ética y la transparencia de Morales Ureta ocurrió en la Asociación de Municipalidades de la Región. En un acuerdo previo, se había establecido que el periodo al mando de la asociación se dividiría, pero, al percatarse de que la alcaldesa de Viña del Mar, que había sido parte de este pacto, decidió retirarse, los alcaldes de derecha, fieles a sus intereses, forzaron una segunda votación, olvidando el apretón de manos y el compromiso de dividir el mandato. Este hecho no solo demuestra la falta de compromiso con los acuerdos políticos, sino también la capacidad de Morales para manipular y acomodar las reglas del juego a su conveniencia.

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Lo que está en juego no es sólo la ética de un líder político, sino el bienestar de toda una comunidad que, en lugar de beneficiarse de decisiones transparentes y justas, se ve atrapada en una telaraña de mentiras y conveniencias. La pregunta es: ¿hasta cuándo se podrá tolerar esta clase de liderazgo en nuestra política local?