Cada vez que un sistema frontal afecta la zona central, el paso bajo nivel que constituye el único acceso a la zona urbana de Quintero vuelve a inundarse, dificultando el ingreso y salida de miles de vecinos y el desplazamiento de ambulancias, Bomberos y otros servicios de emergencia.
Lo preocupante es que no se trata de un hecho excepcional ni imprevisible. Es una situación conocida, repetida y advertida desde hace años, sin que hasta ahora se adopte una solución definitiva.
Las obras públicas deben entregar seguridad y continuidad operacional, especialmente cuando constituyen el único acceso a una ciudad. No resulta razonable que una comunidad deba enfrentar la incertidumbre de quedar prácticamente aislada cada vez que se registran lluvias intensas.
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Corresponde al Ministerio de Obras Públicas asumir esta realidad y ejecutar las obras necesarias para corregir definitivamente una situación que se repite invierno tras invierno. La infraestructura debe adaptarse a las condiciones del territorio y no los habitantes resignarse a convivir con una falla permanente.



